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Muerte y Venganza

He aquí mi primer relato, mi primer escrito. Lo realice hace ya un par de años para empezar a practicar el arte de escribir y, a la vez, empezar a dar forma a Vicky, la protagonista de Sirius 4. No hace falta decir que en esa época poco creía que haría un libro, y menos aún que sería Sirius 4. Sin más preámbulos, os dejo con el relato:


Muerte y venganza

La casa estaba silenciosa, en aquel momento no había nadie en el hogar. El gato andaba con cautela, sin prisas, buscando por los pasillos hasta encontrar una puerta mal cerrada. Suavemente, le puso una pata encima y empujó abriéndola para poder pasar la cabeza. Lentamente, se adentró en la habitación sin dejar de mirar la jaula del hámster. Un pequeño salto y ya estaba en el escritorio, al lado de su objetivo que advirtió el peligro en ese mismo instante. Cuatro pasos más y el felino se dispuso a jugar con el ratón.

 

La puerta principal de la casa se abrió dando paso a la madre y su hija.

–Vicky, voy un momento a casa de la vecina. Ahora vuelvo.

–Vale, mamá.

La madre dejó la casa cerrando la puerta detrás suyo y la niña subió a su habitación con una sonrisa dibujada en su cara. Hacia pocas semanas que fue su aniversario y le regalaron un pequeño hámster, le puso el nombre de Pequepelo. Cada día al levantarse le daba los buenos días y luego le comentaba que haría hoy. Al volver de la escuela le contaba cómo le había ido y se ponía a hacer los deberes haciéndole preguntas como si el ratoncito supiera algo de matemáticas o ciencias de la natura. El psicólogo del centro de estudios había aconsejado a sus padres que le comprasen alguna mascota viva. Tenía un carácter difícil, le costaba mucho hacer amigos y eso le sería de gran ayuda. La verdad es que desde que Pequepelo le hacía compañía se había vuelto más sociable.

No obstante, cuando llegó a su habitación, la sonrisa se borró. No hacía falta que nadie le explicase nada. El gato de su hermano estaba al lado de una jaula tumbada en suelo con la puerta abierta. Dentro no había ningún animal pero a su alrededor se veían los restos del crimen. El gato la vio entrar y decidió esconderse pero no fue suficientemente rápido. Vicky cogió su palo de hockey y con un movimiento preciso y poderoso hizo volar el criminal hasta impactar contra la pared con un sonido estremecedor.

–¡DEVUELVEME A PEQUEPELO! –la voz de la niña sonó llena de ira y furia–. ¡TE MATARÉ!

Dejó caer el palo al suelo, cogió el cargador de su pad, se acercó al gato y le pasó el cable alrededor del cuello. El gato intentó escapar pero lo agarró con las piernas y dio otra vuelta más al cuello del felino apretándolo más fuerte. Probó escapar, arañaba, luchaba pero la rabia alimentaba a la niña dándole más y más fuerzas.

 

La puerta principal de la casa se abrió de nuevo y la madre entró, ignorando todo lo que había sucedido.

–Niña, ya he vuelto.

La madre puso la oreja, no oía la respuesta de su hija.

–¿Niña?

Confusa, decidió ir a la habitación de la pequeña.

–¿Hija, estás?

Al irse acercando oyó a su hija llorar.

–¿Vicky, pasa algo?

La madre entró en la habitación encontrándose con la jaula rota y su hija medio sentada en el suelo, con el gato del hijo mayor con la lengua fuera cogido por las sangrantes piernas de la pequeña.

–Victoria…

La madre, desconcertada por lo que estaba viendo, solo pudo pronunciar el nombre de su hija que, entre sollozos, respondió a la pregunta que aun no le había hecho.

–Se lo ha comido –dijo entre lágrimas–. Se ha comido a Pequepelo. Merecía morir.

La pequeña continuó llorando, lamentando la muerte de su querido amigo.

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